tal parece que no aprendo del negocio de las citas a ciegas. resulta que mis amigos me conocen tan bien que de vez en cuando están seguros de haber encontrado a la mujer perfecta para mi… e insisten en que la conozca.
esta vez fue un poco diferente: me dan su teléfono, le marco, platicamos, la novia de mi housemate es una vieja conocida de ella, la quiere saludar, voy para tu casa. ni siquiera tuve que ir a una cita, ¡la cita vino a mi! aunque esto suene muy prometedor, en realidad no sirvió de efecto alguno. el objeto de su visita tal parecía era exclusivamente saludar a su amiga.
la noche fluyó de la seguridad de mi casa, a la frialdad de un conocido restaurante de la localidad, pasando por la indiferencia de una sala popular de música electrónica, aunque eso si, terminando en la comodidad de una cama de mujer.
se llama cacho.